miércoles, 11 de junio de 2014

Retroalimenación Positiva 3 - Cambio Climático 0

El viento y la lluvia van erosionando las montañas lenta pero inexorablemente. El sentido común nos lleva a pensar que este desgaste disminuye poco a poco su altura, convirtiendo a escarpados macizos montañosos en tranquilas colinas y suaves lomas hasta que, finalmente, acaban disgregadas transformadas en miriadas de diminutos granos de arena.

Sin embargo, ocurre justamente lo contrario. La erosión, efectivamente, hace perder volumen a las montañas.Sin embargo, los cientos de miles de toneladas de sedimentos que son arrastradas por el viento y el agua acaban depositándose en las llanuras colindantes. Así, la presión ejercida sobre estos terrenos aumenta día a día hundiendo la corteza terrestre cada vez un poco más en el manto superior.

El manto está formado por un material fluido y viscoso que ostenta propiedades plásticas. En consecuencia, el hundimiento de los terrenos atosigados por la acumulación de sedimentos provoca, gracias a un efecto elástico, un abombamiento del manto, la elevación de la corteza adyacente y de los macizos montañosos instalados sobre ella.

A este efecto se le conoce como isostasia y a los desplazamientos verticales provocados por la alteración del equilibrio isostático entre manto y corteza movimientos epirogénicos (anticlinales y sinclinales).

Lo más curioso es que el fenómeno se produce de forma acelerada en los primeros estadios. Cuanto más peso pierde la montaña, más presión se ejerce sobre el manto a su alrededor y el empuje vertical aumenta provocando una elevación cada vez más pronunciada favorecida y potenciada por el progresivo aligeramiento de la montaña. Entramos así en un círculo vicioso en el que los efectos acrecientan la relevancia de las causas, lo que se conoce como Ciclo de Retroalimentación Positiva.

El proceso sólo termina cuando intervienen factores externos. En este caso, cuando los sedimentos acumulados en las llanuras terminan en el mar arrastrados por las corrientes fluviales. Liberados del empuje vertical, los restos de la montaña comenzarán un descenso progresivo y, de nuevo, acelerado, hasta que, finalmente, no quede rastro de ella.

EL PARTIDO

Viendo el capítulo 12 de la nueva edición de la serie Cosmos, dedicado al cambio climático, me llamó la atención que el presentador, Neil deGrasse Tyson, dedicara un buen montón de valiosos segundos televisivos a recalcar la veracidad del cambio climático. Siguiendo su ejemplo (no en vano estas líneas están inspiradas por aquel capítulo):

  • El Cambio Climático es un hecho demostrado científicamente
  • Es la actividad humana, y no otros factores, la que provoca el Cambio Climático
  • Existen cientos de pruebas científicas que atestiguan estos dos hechos.
  • Estas pruebas son de tal diversidad y provienen de ramas tan distintas de la ciencia que sólo un insensato puede negar su validez
No voy a entrar aquí en debate alguno sobre las afirmaciones anteriores. Simplemente, y parafraseando a Bob Dylan:

"Cuántas veces puede un hombre mirar hacia otro lado y pretender que no ha visto nada
Cuántas veces debe una persona alzar la mirada hasta conseguir ver el cielo
Cuántos años tiene que vivir una persona antes de poder escuchar al (planeta) gritar
Cuántas muertes tiene que contemplar una persona antes de comprender que (el planeta) ha muerto
La respuesta está soplando en el viento"

EL HORNO (1-0)

En 1962, Estados Unidos se embarcó en un ambicioso proyecto para estudiar los planetas más cercanos. Diez años más tarde la sonda Mariner 9 consiguió situarse en órbita sobre Marte. Cuatro años después las sondas Viking I y II lograron aterrizar en el planeta.

Los rusos tienen fama de ser fríos y un tanto cabezotas. Durante la década de los sesenta se empeñaron en hacer aterrizar una sonda en Venus. La Venera 3 consiguió estrellarse contra el planeta el 1 de Marzo de 1966; fue el primer artefacto humano que lograba tocar la superficie de otro mundo. Poco más tarde las Venera 4, 5 y 6 conseguían transmitir información desde la atmósfera de Venus aunque se perdió el contacto con ellas mucho antes de que alcanzaran la superficie. Lo consiguió la Venera 7 el 15 de Diciembre de 1970. Algo más tarde, el 22 de Octubre de 1975, la Venera 9 nos hizo llegar las primeras imágenes de la superficie de Venus (más información...).

Ocho fracasos precedieron a esta gran hazaña, pero los rusos son tenaces. La tremenda presión ejercida por la pesada atmósfera de Venus (90 atmósferas sobre la superficie) aplastaba las sondas sin remisión así que cada nueva versión era reforzada con más y más kilos de metal.

La radiación solar incide sobre cualquier planeta con un tremendo brío que se va atenuando a medida que, en su descenso, colisiona con los átomos de los gases que componen la atmósfera. Esta pérdida energética continua hasta que los rayos solares rebotan contra la superficie y comienzan a ascender intentando escapar del planeta. En función de la densidad de la atmósfera, la pérdida energética puede ser tan elevada como para impedir esta huida. Cuando esto ocurre la energía que transporta la radiación solar queda retenida en la atmósfera haciendo aumentar la temperatura en su interior de forma progresiva.

En el caso de Venus es probable que colosales erupciones volcánicas colapsaran la atmósfera con dióxido de carbono provocando un efecto invernadero que le ha llevado a tener que soportar temperaturas de hasta 475 ºC en puntos cercanos al ecuador. En Venus hace más calor que en Mercurio a pesar de estar dos veces más alejado del Sol; mientras no cambien las condiciones esta temperatura seguirá aumentando.

En el caso de la Tierra el efecto invernadero lo hemos provocado nosotros quemando ingentes cantidades carbón y otros combustibles fósiles. Los efectos apenas son aún apreciables pero se irán potenciando con el paso del tiempo debido a unos cuantos procesos de retroalimentación positiva.

Por desgracia, el aumento de temperatura en la superficie del planeta, provocado por una atmósfera con un mayor contenido de CO2, está calentando las rocas haciendo que expulsen el CO2 que retienen en su interior.

Esta nuevas aportaciones aumentan la densidad de la atmósfera, aumentan la temperatura y provocan que las rocas liberen más CO2 entrando en un bucle demasiado peligroso que podría convertir al planeta en un enorme horno.

Le hemos metido el primer gol al Clima gracias a una jugada ensayada; ensayada durante millones de años por el propio Universo en Venus. Hemos estudiado el fenómeno pero no hemos conseguido aprender nada.

EL ESPEJO (2-0)

Siguiendo con el símil futbolero, con este primer gol hemos destapado la olla y ahora sólo nos queda esperar perder por goleada.

El segundo gol llegará muy pronto. El aumento de la temperatura está derritiendo los casquetes polares lo que provocará un aumento del nivel del mar. No parece un gran problema, nos alejamos un poco de la costa y todo seguirá igual. Incluso podremos colonizar la Antártica o Groenlandia, ambas agraciadas tras el calentamiento global con un clima mucho más amable.

Pero hay un problema. El hielo es la superficie más blanca del planeta y, por tanto, la que mejor refleja la luz solar mientras que los océanos son los lugares más oscuros y, en consecuencia, los que más energía retienen. Así, a medida que se retiren los glaciares y se derritan los casquetes polares, la Tierra se volverá más oscura y retendrá más calor lo que provocará un mayor deshielo y hará que los mares conquisten una mayor extensión de la corteza terrestre.

De nuevo otro peligroso proceso de retroalimentación positiva.

EL FRIGORÍFICO (3-0)

El permafrost es la capa de hielo permanente que se acumula en los niveles más superficiales del suelo como consecuencia de la congelación del agua retenida por el terreno. Es, por tanto, una mezcla de material orgánico y agua congelada.

Se estima que hay cerca de un billón y medio de toneladas de este material acumuladas en regiones como Siberia, Canadá, Alaska, Noruega o el Tíbet; aproximadamente la mitad de todo el carbono orgánico acumulado en los suelos de la Tierra.

El aumento de la temperatura global lo está derritiendo provocando dos efectos negativos. Por una parte, ingentes cantidades de agua acabarán en los océanos acrecentando el efecto comentado anteriormente. Por otra, todo el material orgánico está comenzando a pudrirse emitiendo a la atmósfera dióxido de carbono y metano, dos gases de efecto invernadero.

Poco se sabía hasta hace poco de este fenómenos pero las cifras son espeluznantes. Desde 1850, la Humnidad ha emitido a la atmósfera 350 mill millones de toneladas métricas de carbono como consecuencia de la quema de combustibles fósiles, cinco veces menos que todo el carbono acumulado en el permafrost (más información...).

Y ya tenemos el tercer gol, conseguido esta vez de forma un tanto inesperada.

EN BUSCA DEL EMPATE

Hablábamos de perder por goleada. Los tres procesos de retroalimentación positiva descritos hasta ahora no son, ni mucho menos, los únicos. El vapor de agua es también un gas de efecto invernadero, el aumento de temperatura aumentará la evaporación provocando un nuevo aumento de la temperatura y una mayor evaporación. Las emisiones de gas metano también están aumentando tanto desde los casquetes polares como desde los sedimentos acumulados en los suelos oceánicos. También habrá más incendios y se perderán grandes áreas forestales y las grandes selvas desaparecerán en una combustión que aportará más CO2 a la atmósfera. Podéis consultar el Cuarto Informe de Evaluación del IPCC para una lista más detallada detallada de estos estas calamidades que, por desgracias, actúan de forma combinada.

Podemos preocuparnos por cómo el aumento de la temperatura de la Tierra afectará las cosechas provocando hambrunas en los lugares más insospechados, por el deshielo y el consecuente aumento del nivel de los océanos que arrasará las ciudades ubicadas en la línea costera, por la profusión de distintos tipos de cánceres consecuencia directa del deterioro de la capa de ozono.

Pero lo que realmente debería quitarnos el sueño es saber cuándo llegaremos al punto sin retorno. Cuando el efecto de los diferentes procesos de retroalimentación positiva se volverá irreversible. A partir de ese momento, todo ocurrirá mucho más rápidamente de lo que pensamos y ya no podremos hacer nada por evitarlo.

No es cuestión de volver a la Edad de Piedra; trabajamos muy durante para mejorar la calidad de vida y estos esfuerzos deben continuar. Simplemente deberemos encontrar la forma de conseguir que respetar la salud del Planeta resulte rentable económicamente.

Y la legislación debe favorecer este proceso. ¿Para cuando la prohibición de los vehículos de combustión interna?, ¿para cuándo una ley que obligue a las compañías eléctricas a pagar la electricidad producida por las células solares instaladas en todos los edificios?, ¿para cuándo un código penal que castigue los delitos medioambientales en la misma proporción que el daño causado?.

De todas formas, y sin ser egoístas, para la Tierra el Calentamiento Global no supondrá un gran inconveniente; unos cuantos milenios le bastarán para librarse del origen del problema: nosotros.

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