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martes, 18 de agosto de 2015

Los Retos para el Departamento IT en el nuevo Ecosistema Digital (I)

El pasado mes de Mayo presente una ponencia en el congreso ITGSM15 del ITSMF en la que intentaba analizar los retos que, para el Departamento de Sistemas de una organización, supone la revolución tecnológica que se está produciendo en estos últimos años.

Aquí os dejo la presentación aunque, me temo, que os resultará más útil con algunas explicaciones adicionales.

También os dejo un vídeo que ha publicado ITSMF recientemente. Es sólo un trailer, pero espero que es resulte interesante:



¿QUÉ ES UN ECOSISTEMA DIGITAL?

De forma simplificada, podemos entender un Ecosistema Digital como el conjunto de soluciones tecnológicas que rodean a una organización o a un individuo.

Exceptuando algunos irreductibles galos que aún intentan sobrevivir aislados de las bondades (y maldades) del nuevo ecosistema digital, el resto de vosotros seguramente viváis rodeados de dispositivos electrónicos.

Con seguridad utilizáis un ordenador en el trabajo y, probablemente, tengáis algún portátil en casa, una o varias tablets, un móvil inteligente, algún dispositivo para escuchar música, una televisión inteligente, una consola de juegos y, si sois deportistas, una de esas nuevas pulseras que controlan la actividad física.

Estos dispositivos, junto a las aplicaciones que soléis utilizar, los lugares en Internet que vistáis o las redes sociales de vuestra preferencia constituyen vuestro ecosistema digital. Es un lugar único y totalmente personalizado cuya extensión crece día a día tras la explosión tecnológica que se está produciendo en los últimos tiempos.

lunes, 13 de octubre de 2014

¿Se deben ofrecer incentivos por compartir el conocimiento?

Navegar por la redes sociales requiere siempre un cierto esfuerzo. Hay demasiada información y ésta no siempre resulta útil. Pero en algunas ocasiones das con algún lugar sorprendente, en el que te encuentras con gente inteligente debatiendo sobre un tema actual y aún sin resolver, compartiendo sus puntos de vista en base a experiencias reales.

Este fue el caso cuando me tope, hace unas pocas semanas,  con una discusión en un grupo de LinkedIn (KM Practitioners) sobre la conveniencia de fomentar la colaboración y la puesta en común del conocimiento a través de incentivos.

Me decido a resumir dicho debate dado el interés de las diferentes propuestas y experiencias expuestas.

EL DEBATE 

El debate lo inicia Terrence Wallerhost (Knowledge Business Manager, Consumer Practice at The Boston Consulting Group) exponiendo la existencia de importantes barreras para establecer una cultura efectiva en las organizaciones que fomente que el conocimiento se comparta de forma pro-activa.

miércoles, 27 de agosto de 2014

La Formación Interna, una poderosa herramienta para la Gestión del Conocimiento

Hace un tiempo puse el grito en el cielo al recibir la propuesta de un gerente para formar a uno de sus colaboradores. Podía comprender que ofrecer formación como incentivo o sucedáneo de retribución resultase lícito ante limitaciones presupuestarias y las subsiguientes restricciones salariales, pero un curso de conducción sobre nieve en Finlandia era excesivo. ¿Que vendría después?, ¿rafting en los pirineos?, ¿doma de caballos en Jerez?. Afortunadamente, supe contener mi ira e indagué un poco más. La propuesta estaba plenamente justificada pues el destinatario trabajaba en un equipo de pruebas de un importante fabricante de automóviles y necesitaba realmente entender el estrés que sufren los vehículos en situaciones extremas.

Es un ejemplo límite pero ilustra bastante bien el tipo de formación externa que una organización debería ofrecer: cursos muy especializados, impartidos por expertos reconocidos, con un alto valor añadido tanto para el empleado como para el negocio.

Sin embargo, por aquélla época, la mayor parte de los recursos se dedicaban a contratar proveedores de formación, digamos, clásica como gestión de proyectos y servicios, desarrollo software, pruebas de sistemas, uso de herramientas de diseño o para obtener certificaciones técnicas. Las valoraciones de los alumnos eran aceptables aunque nunca excelentes; incluso se suspendían algunas formaciones ante la constatación de la falta de conocimiento o experiencia del formador.

No me costó demasiado entender la raíz del problema: con cierta frecuencia nuestros expertos sabían más que los formadores. No es de extrañar; somos una empresa especializada en tecnología, ingeniería e innovación; lo contrario habría llamado poderosamente la atención.

Recalco "con cierta frecuencia" porque no quiero menospreciar o menoscabar las capacidades de los proveedores de Formación Técnica. Existen loables empresas en este sector y grandes formadores con excelentes conocimientos técnicos y capacidades de comunicación. El hilo de mi rozamiento va por un camino muy diferente.

UN NUEVO MODELO DE FORMACIÓN TÉCNICA

miércoles, 23 de julio de 2014

To meet or not to meet, that is the question

Ayer rememoré una situación un tanto cómica (casi esperpéntica). Ocurrió en una casa rural en Asturias cuando escuché a un amigo despotricar en un tono demasiado elevado a través de la puerta del baño. No podía estar hablando por el móvil, aún no estaban disponibles, así que, cuando salió, me atreví a preguntarle qué demonios estaba haciendo. Me contestó que ensayaba frente al espejo la reunión del Lunes con su Jefe. Esa persona era, por aquél entonces, un ingeniero industrial y ahora es Director General de una importante empresa española.

La importancia de las reuniones. Las omnipresentes, odiadas y temidas reuniones. Todos las sufrimos, todos las necesitamos. Son ladrones de tiempo para la mayoría y la única forma de comunicar, implicar o motivar para el resto.

He tenido algunos grandes jefes y otros muy pequeños. Uno de los primeros me dijo una vez: "nunca organices una reunión sin saber cuál va a ser el resultado", que equivale a decir, "nunca abandones una sala sin haber conseguido lo que buscabas", recomendaciones que he seguido al pie de la letra desde entonces.

Sin negar (aunque sin compartir completamente) la necesidad o utilidad de algunas sesiones, orientadas a fomentar la colaboración, la cohesión del equipo o la generación de ideas (recordemos aquellas tormentas de ideas tan populares hace unos años), voy a centrarme en las más habituales, al menos en el entorno en donde se desarrolla mi actividad profesional.

Son aquéllas organizadas por un gestor con su equipo o con sus iguales. La temática puede ser variada pero el resultado debe ser siempre el mismo: conseguir cumplir los objetivos que nos hemos marcado. Parece obvio pero en demasiadas ocasiones me encuentro participando en reuniones anárquicas, sin saber muy bien qué hago allí, con la clara sensación de que el organizador tampoco lo tiene claro.

viernes, 16 de mayo de 2014

Cocreación, innovar compartiendo experiencias e ideas con los clientes

Las empresas deben buscar nuevos canales de innovación si no quieren verse apartadas del mercado en la nueva era digital. Ya no es posible avanzar con el ritmo exigido de forma aislada, sin implicar a todas las partes interesadas.

La innovación ha pasado así de ser un proceso interno, controlado por herméticos departamentos de I+D+i, a convertirse en un proceso abierto (Open Innovation) y distribuido (Distributed Innovation) en el que participan socios, proveedores, clientes y empresas.

Como decía Bernard Shaw:

"Si tú tienes una manzana y yo tengo una manzana, e intercambiamos manzanas, entonces tanto tú como yo tenemos una manzana. Pero si tú tienes una idea y yo tengo una idea, e intercambiamos ideas, entonces ambos tenemos dos ideas"

Establecer alianzas con otras empresas para desarrollar nuevos productos no es nada nuevo. Tampoco lo es implicar en el proceso de innovación a los principales proveedores de la cadena de suministros. Sin embargo, hay unas cuantas empresas que han sabido explotar el fenómeno de las redes sociales para involucrar a los clientes en el desarrollo de nuevos productos desde los primeros estadios (Co-Creación) e y extender este modelo a los propios empleados (Bottom-Up Innovation).

Estos nuevos canales de innovación ofrecen ventajas adicionales. Por una parte favorecen la fidelización de los clientes. Si has contribuido ha definir una característica de un nuevo producto por el que te sientes interesado, ¿cómo no lo vas a comprar cuando salga al mercado?, si  has sido capaz de poner tu granito de arena, ¿no lo recomendarás a tu amigos y familiares?. Por otra, potencia el sentimiento de pertenencia de los empleados a una compañía que les permite participar en sus procesos más estratégicos.

domingo, 30 de marzo de 2014

Learning Organization o cuando un empresa aprende a aprender

LA ORGANIZACIÓN QUE APRENDE

Desde tiempos inmemoriales (una década cuando hablamos de tecnología) se ha planteado un agrio debate entre educadores y tecnólogos para establecer las fronteras entre el aprendizaje y el conocimiento.

He pasado años coordinando proyectos de investigación relacionados con la colaboración, el trabajo en grupo, la gestión del conocimiento y el aprendizaje electrónico y a distancia (eLearning y Distance Education son conceptos realmente diferentes aunque a veces se confunden). En todos estos consorcios, empresas y universidades luchaban por dominar un área de gran potencial de crecimiento (aún lo sigue siendo, queda mucho por hacer). ¿Conozco al aprender o aprendo cuando conozco?. Un debate un tanto académico (¿qué fue primero el huevo o la gallina?) pero fundamental como tan bien ha demostrado el paso del tiempo.

En 1994, Peter Senge publicó "La Quinta Disciplina", una propuesta que, con el tiempo, ha conseguido decantar la balanza en favor del aprendizaje (me temo que he salido derrotado en aquel debate). En el libro se propone por primera vez el concepto de "Learning Organization" considerándola como "un grupo de personas que trabajan juntas y de forma colectiva para mejorar sus capacidades y obtener los mejores resultados".

Para lograr este objetivo, Senge propone cinco disciplinas (perdonadme los términos en inglés, pero creo que la traducción al español no les hace justicia):
  • Systems Thinking: se ocupa de analizar las relaciones internas entre los miembros de la organización y de resolver los conflictos que puedan suponer obstáculos para el aprendizaje colectivo. ¿En cuántas organizaciones nos encontramos con departamentos aislados que guardan (y ocultan) celosamente sus mejores logros?
  • Personal Mastery: otorga un papel prominente a los miembros de la organización. En un acto sincero (poco común en muchas empresas) reconoce la mejora individual (self-improvement) como el motor principal del resto de los procesos de aprendizaje. Las personas trabajan para crecer personal y profesionalmente; el altruismo no es una opción.
  • Mental Models: trata sobre la cultura de la organización, su forma de pensar y de entender los aspectos básicos de su funcionamiento. Es necesaria una profunda y precisa comprensión de estos mecanismos para poder embarcar a una organización en un proceso de transformación continua.
  • Shared Vision: estudia los procesos necesarios para dotar a la organización de una visión común, compartida por todos sus miembros. Los objetivos personales deben estar imbricados con los estratégicos de forma que la consecución de los primeros garantice el cumplimiento de los segundos.
  • Team Learning: subraya la importancia de la colaboración. Se ocupa, por tanto, del análisis de los mecanismos que deben implantarse para favorecerla.
Uno de los aspectos más loables de este modelo es su capacidad para combinar la simplicidad con los grandes conceptos de la gestión empresarial. Habla de la Gestión del Cambio (System Thinking), de la Cultura Empresarial (Mental Models),  fomenta el Desarrollo Profesional y reconoce la necesidad de Crecimiento Personal (Personal Mastery) y de la Colaboración (Team Learning) como principales medios para la consecución de los Objetivos Empresariales (Shared Vision).

Y lo hace de una manera trasgresora. Aunque no lo parezca, las cinco disciplinas son en sí mismas importantes mecanismos de aprendizaje; a través de ellas aprendemos a aprender. No se platea un modelo categórico ("para conseguir esto hay que hacer esto"), en posesión de la verdad absoluta. Por el contrario, fomenta el análisis, el estudio de cada aspecto que pueda frenar el progreso de la organización. Se propone un proceso continuo de aprendizaje en todos los niveles, un cambio cultural permanente para transformar la empresa en una organización capaz de aprender de sus procesos internos, de sus errores, de los empleados, de los proveedores, de los clientes, del mercado o de la interacción con la sociedad.

Como no podía ser de otra manera (están muy de moda), os dejo una infografía que resume, aunque no de forma exhaustiva, algunos aspectos relevantes de las organizaciones que aprenden (fuente larninginfographics.com). Por cierto, ¿os habéis fijado que, por una vez, el término en español es más conciso y elegante que el anglosajón?

También puede resultar de interés esta otra, en donde se enlazan las cinco disciplinas con prácticas, principios y herramientas.

ALGUNOS ERRORES DE CONCEPTO

Como ocurre con casi todas las buenas ideas, no han tardado en surgir propuestas para extender el concepto de Learning Organization incorporando las tendencias más en boga de la gestión empresarial. Algunas son demasiado oportunistas, dándole al calzador para incrustar en el modelo las áreas de competencia de sus autores.

¿Que mi empresa se dedica a ofrecer consultoría en coaching o mentoring?, no hay problema, hablo de las barreras para conseguir una integración efectiva de los empleados (falta de tiempo, motivación, conocimiento de los objetivos de la empresa) e incorporo una nueva capa al modelo, innecesaria a todas las luces. ¿Que me dedico a la educación?, ¿acaso no habla precisamente de esto el modelo?. Así que nada, me aprovecho de la popularidad de la propuesta y de la presencia de "Learning" en su denominación, y me montó una organización orientada a la enseñanza.

Sin embargo, el modelo propuesto por Peter Senge bebe de otras fuentes. Habla del análisis, de la transformación continua, de la necesidad de colaboración y del desafío individual como medio para alcanzar los objetivos empresariales. Establecer un proceso de mentoring o fomentar la formación son meras herramientas, adecuadas o no en función de las necesidades y cultura de la organización.

Otro error frecuente parte de considerar una "Learning Organization" como una especie de comuna hippy; el famoso "Venga chicos, todos a colaborar con la máxima ilusión para engrandecer a la empresa". Empero lo que pueda pensarse, el modelo no sólo no descarta la Competitividad, tanto individual como grupal, sino que la fomenta en todos los estamentos. Es necesario colaborar, sí, pero como medio para el crecimiento personal y colectivo.

HACIA UNA EMPRESA INTELIGENTE

Hablaba al principio del debate para establecer las fronteras entre la Gestión del Conocimiento y el Aprendizaje. Confirmo mi derrota frente a aquéllos que proponían un alcance más global para este último. En realidad, las propuestas de mis contendientes iban por derroteros algo diferentes a los propuestos aquí, pero es verdad que su planteamiento era algo más acertado.

Las nuevos modelos encaminados a establecer el funcionamiento de empresas capaces de sobrevivir en la Sociedad del Conocimiento (curiosamente, al principio de los tiempos se hablada de la Information Society, poco más tarde de la Knowledge Society, quizás ahora habrá que referirse a ella como la Learning Society) dejan la Gestión del Conocimiento por los suelos, en el nivel más bajo de la escala de valor.

La Gestión del Conocimiento (Knowledge Organization) se convierte así en el primer paso, en el componente de más bajo nivel, del proceso de aprendizaje empresarial (Learning Organization), el cual es, a su vez, un mero instrumento para transformar la empresa en una máquina innovadora (Innovation Organization) y, finalmente, en una Empresa Inteligente (Smart Organization).

La pirámide elegida para ilustrar esta evolución (Knowledge->Learning->Innovation->Smart) también sirve para constatar el afán existente por colocar algunos conceptos en los niveles más cercanos a la cúspide. ¿Sabéis a que me estoy refiriendo?.

En el tercer nivel aparece la Innovación atosigada por la Mejora Continua. La mejora es fundamental y está (o debe estar) presente en todos los procesos y en todos los aspectos de la existencia: ¿acaso no vivimos y trabajamos para mejorar?.  Pero podemos hacerlo poco a poco, conociéndonos mejor, aprendiendo de cada actividad que realizamos, de las personas que la vida pone en nuestro camino. No siempre necesitamos fomentar cambios sustanciales, no siempre necesitamos innovar para mejorar. Enlazar ambos conceptos es, desde mi punto de vista, un error demasiado frecuente.

Sea como fuere, la capacidad de innovación es un factor crítico para cualquier empresa que pretenda sobrevivir en un mercado tan cambiante como el actual: "Renovarse o morir". No hablamos sólo de la capacidad para lanzar nuevos productos y servicios o de mejorar los existentes, el proceso de innovación debe abarcar los procesos internos, la cultura empresarial y los modelos mentales que rigen el funcionamiento de cualquier organización. Y debemos ser capaces de cambiar cada vez con mayor celeridad. Antes se hablaba de ciclos de cinco años para marcar la necesidad de reorganización en una empresa. Ahora se piensa en ciclos de tres o incluso dos años.

Otro aspecto fundamental se refiere a la oportunidad del cambio. En el pasado las empresas actuaban de forma reactiva: algo va mal, el mercado ha cambiado, las ventas bajan, tenemos que adaptarnos o desaparecer. Ahora se busca la proactividad, la anticipación a futuros cambios en el entorno. Es fácil proponer el cambio cuando una empresa está en dificultades, lo difícil es embarcarse en él cuando todo va bien.

Concebimos así la Empresa Inteligente (Smart Ogranization) como una organización capaz de gestionar y explotar el conocimiento adquirido en cada una de las actividades que emprende, capaz de analizar con honestidad sus capacidades, capaz de reinventarse a sí misma para crear una cultura empresarial que elimine las barreras, fomente el crecimiento individual y la colaboración en pos de lograr un entendimiento común que facilite la consecución de los objetivos estratégicos. La Empresa Inteligente debe embarcarse en un proceso continuo de transformación, de renovación de los procesos internos, de las herramientas disponibles, de los modelos mentales que marcan su funcionamiento, innovando en todos los niveles para ofrecer productos y servicios mejorados capaces de competir en un mercado que cambia y se transforma a un ritmo acelerado.