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domingo, 7 de septiembre de 2014

Una herramienta para incorporar el análisis de Riesgos y Oportunidades en el proceso de Revisión por la Dirección


No en todas las normas se da la suficiente relevancia al proceso de análisis y gestión de riesgos y oportunidades. Es un punto crítico en normas como la ISO 14001 (gestión medioambiental) o la ISO 27001 (Seguridad de la Información). También lo encontramos en la ISO 20000 (Gestión de Servicios) y en algunas más. Sin embargo, no está presente en la más genérica, la norma ISO 9001, aunque lo estará en la próxima revisión que será publicada en 2015 (ver más adelante).

Esta ausencia tan significativa es consecuencia de la complejidad de implementar este proceso en todos los niveles de la organización. En CMMI, por ejemplo, la gestión de riesgos no se introduce de forma global  hasta el cuarto nivel de madurez de los cinco establecidos.

Por el contrario, muchas organizaciones le restan importancia limitando su alcance a las operaciones (al desarrollo de productos y servicios) y reduciendo la gestión de riesgos a la mera selección de unos cuantos entre los expuestos en listas previamente preparadas y su posterior evaluación en cuanto a probabilidad de ocurrencia y posible impacto.

jueves, 17 de julio de 2014

Las siete cosas que aprendí de PMP

Hace más de tres lustros recibí la formación para la preparación de PMP (Project Management Professional certification). No recuerdo la fecha exacta y, lo que es más lamentable, he olvidado también el nombre de formador. Era el presidente de PMI (Project Managment Institute) en España pero hasta ahí llego.

Fui un alumno participativo lo que equivale a decir rebelde y un tanto puñetero. Por aquél entonces era un Jefe de Proyecto con poca experiencia, acostumbrado a técnicas de gestión caseras (por no decir, chapuceras), muy diferentes de las propuestas por aquel organismo. Salí contento de la formación pero sin la más mínima intención de aplicar lo aprendido en el trabajo. Como decía el gran Obelix: "están locos estos americanos".

Sin embargo, algunas recomendaciones de aquél formador anónimo quedaron grabadas en mi cabeza y, poco a poco, las fui interiorizando y aplicando en mi trabajo diario.

Son siete lecciones, tamizadas por el tiempo y mi experiencia profesional. En estos años, la certificación PMP ha cambiado y yo también. Es posible que estas buenas prácticas hayan recibido un nuevo enfoque pero creo que lo aprendido aún sigue manteniendo cierta vigencia.

jueves, 17 de abril de 2014

Sorprender al cliente, ¿una buena práctica en la gestión de proyectos?

Llevo ya tiempo sin añadir nuevas entradas a la colección de Frases Memorables de la Calidad. Había pasado por alto una especialmente interesante:

"Mi cliente va a flipar"

Y lo es porque los buenos propósitos no están considerados dentro del conjunto de prácticas que debe aplicar un gestor de proyectos profesional.  

SORPRENDER AL CLIENTE

El milenio comenzó con el escándalo financiero Enron noqueando a Artthur Andersen, allá por el año 2002. Tras ser desmantelada la división española, dos de los socios se decidieron a escribir un libro ("El Legado de Arthur Andersen") para contar una historia de éxitos, ilusión y desilusión y para exponer el modelo cultural de la que fue una de las cinco mayores firmas de auditoría del planeta (los Arturos siempre se referían a su empresa como "la Firma").

Esta cultura se apoyaba en siete columnas, siete factores estructurales que marcaban la estrategia pero también la vida cotidiana de los profesionales que trabajaban en cualquier área de la compañía.

Uno de esos pilares era el Servicio: la idea de calidad, la búsqueda de la innovación, el estricto respeto al cliente y el deseo de sorprenderlo positivamente. No era suficiente con trabajar duro para colmar sus expectativas, era imperativo superarlas siguiendo un proceso establecido, controlado y gestionado con acierto; no era cuestión de cambiar los requisitos para ofrecer un solución diferente, tal vez óptima desde el punto de vista del auditor o asesor, pero inútil para el cliente. Los compromisos adquiridos se cubrían escrupulosamente pero también se buscaba ofrecer un valor añadido entregando, por ejemplo, un informe final con propuestas de mejora o un análisis de mercado.

Sorprender al cliente es una vieja práctica bendecida ahora por un término, ¡Wow!", un tanto vanal, y no tan nuevo como se pregona por las redes. ¿Tiene aplicación en la gestión de proyectos?, ¿Sabemos gestionar los riesgos asociados con esta propuesta tan deseable como peligrosa?

miércoles, 26 de marzo de 2014

Una manera diferente de evaluar el Impacto Medioambiental

EL ANEXO SL

En breve entrará en escena la norma ISO 14001:2015. Al igual que el resto, deberá seguir lo expuesto en el Anexo SL (la antigua ISO Guide 83).

Este documento, el Anexo SL, es el culpable de que todas las normas hayan entrado en un proceso de renovación que culminará entre 2015 y 2016 en la mayoría de los casos. A parte de un poco de trabajo extra, es una gran noticia para el Responsable de Calidad pues todas las normas van a seguir una misma estructura lo que facilitará la gestión e integración.

Además de disponer de una estructura común (todas las normas tendrán un mismo índice de forma que, por ejemplo, el apartado 5 siempre se refiera al liderazgo o el 8 a la operación; más información...), las nuevas versiones de las normas harán hincapié en la gestión de riesgos y en la integración de este proceso con el negocio.

LA NUEVA NORMA ISO 14001:2015

Dada esta necesidad de cambio, impuesta por el famoso anexo,  parece lógico aprovechar el proceso para remozar las diferentes normas. ISO 14001 no iba a ser una excepción; aquí os dejo los principales cambios que se están planteando (fuente BSI):
  • Incorporación de los principios de la norma  ISO 26000 (Guía de Responsabilidad Social) generando un acercamiento entre la gestión ambiental y la responsabilidad social empresarial. 
  • Refuerzo de la necesidad de mejoras reales en el desempeño ambiental de la empresa. Este punto hace que la ISO 14001 se acerque a su equivalente europeo, el Reglamento EMAS.
  • Mayor relevancia de la evaluación del riesgo.
  • Análisis de los impactos ambientales en la cadena de valor, como paso siguiente a la implicación de los miembros de la organización (de nuevo siguiendo el dictado de EMAS)
  • Mayor relevancia del cumplimiento legal y otros requisitos externos de carácter voluntario.
  • Mayor implicación de los grupos de interés.
En definitiva: mayor relación con la Responsabilidad Social, mejor alineamiento con EMAS, necesidad de conseguir mejoras reales, énfasis en el cumplimiento legal y en la implicación de los grupos de interés. Pero la nueva norma también otorga una mayor relevancia a la evaluación de riesgos y a la gestión de los aspectos medioambientales, especialmente los relacionados con la cadena de valor, es decir, con el negocio y las operaciones o la producción.

METODOLOGÍAS

Las nuevas propuestas de la norma ISO 14001:2015 dan para largo, pero aquí nos vamos a centrar en el análisis de los riesgos ambientales, proponiendo una metodología que nos permitirá determinar los aspectos medioambientales significativos para la organización (aquéllos que tienen un cierto impacto medioambiental), los controles que debemos implementar y las acciones que podemos plantear para reducir ese impacto. El análisis también nos ofrecerá propuestas para establecer objetivos de mejora en la organización.

Desde mi punto de vista, las metodologías empleadas en este área hasta la fecha son poco sistemáticas y, a veces, un tanto simplistas, en el sentido de que omiten algunos procesos fundamentales. Elegimos unos cuantos aspectos medioambientales, determinamos de alguna forma cuál es su impacto (aquí es importante que aparezca alguna fórmula que de un cierto vigor matemático al análisis) y planteamos acciones para reducir dicho impacto.

Hay otra manera de hacer este análisis recurriendo a algunas técnicas comunes en áreas como la Seguridad Informática, en donde la gestión de los riesgos es un aspecto crítico que marca la supervivencia del Responsable de Seguridad o de IT en la organización. No os asustéis, son sencillas y tienen una aplicación directa en la gestión medioambiental; ésta será la última vez que aparecerá "Seguridad Informática" en este texto.

ACTIVOS, VULNERABILIDADES Y AMENAZAS

El primer paso es realizar un INVENTARIO de ACTIVOS, es decir, obtener una lista de todos aquéllos elementos de la organización que puedan tener un impacto sobre el medioambiente. Dichos activos deberán agruparse, es decir, no necesitamos listar todos y cada uno de los equipos electrónicos de la organización.

Este inventario (en el caso de una oficina, el modelo más sencillo) podría quedar así:
  • Equipos Electrónicos
  • Baterías SAI
  • Consumo Eléctrico
  • Gas
  • Vehículos
  • Papel
  • Plástico
  • Tonners
  • Flourescentes
  • Refrigeración
  • [No es exhaustivo]
Crear esta lista es todo un arte y, en especial, plantear las agrupaciones. La buena noticia es que el mismo proceso de análisis permitirá ir afinándola, añadiendo nuevos elementos o eliminando otros que no aporten valor.

El siguiente paso consiste en determinar cómo de vulnerables son estos activos. Es decir, determinar que aspectos les hacen perjudiciales o beneficiosos (no os olvidéis riesgos & oportunidades) para el medioambiente. Obtendremos una tabla como la siguiente:


Determinados los activos de la organización y cómo pueden afectar al medioambiente, debemos ahora analizar de qué forma pueden verse amenazados. Es decir, debemos determinar qué amenazas pueden explotar las vulnerabilidades detectadas para provocar un impacto negativo (o positivo) sobre los activos:


EVALUACIÓN DEL IMPACTO AMBIENTAL

Tras inventariar los activos de la organización, determinar cómo de vulnerables son y analizar cómo pueden verse amenazados, toca evaluar el impacto de dichas amenazas. O, lo que es lo mismo, evaluar el riesgo que supone cada una de las amenazas identificadas para el desempeño medioambiental de la organización.

Como habréis notado, intento poner énfasis en un concepto fundamental: el riesgo se evalúa sobre cada amenaza, no sobre cada activo.

Para el análisis, bastará con considerar la fórmula:

Nivel de Riesgo=Impacto x Probabilidad

Y pongo "Nivel de Riesgo" y no "Riesgo" para evitar cometer otro error bastante habitual. Según la norma ISO 31000 el riesgo se define como:

"El Efecto de la Incertidumbre sobre los Objetivos"

Es decir, el riesgo es un efecto, una amenaza sobre el cumplimiento de los objetivos, NO ES NÚMERO.

Se suelen utilizar escalas para evaluar tanto el impacto como la probabilidad. Cuanto mayores sean más precisión podremos tener en nuestras estimaciones aunque, por norma general, será suficiente con considerar una escala de 1 a 5 para ambos factores.

Esta técnica es bien conocida así que nos vamos a limitar a poner como ejemplo una relacionada con el impacto sobre las emisiones de CO2 y otra relacionada con la probabilidad (aunque es posible definir diferentes escalas para cada amenaza):

Impacto Emisiones CO2:
  1. Menos del 10% de las emisiones totales de la organización
  2. Entre el 10% y el 20%
  3. Entre el 20% y 30%
  4. Entre el 30% y 50%
  5.  Más del 50%
Probabilidad Emisiones CO2:
  1. Se espera una variación inferior al 5% en las emisiones de CO2
  2. Variación entre el 5% y el 10%
  3. Variación entre el 10% y el 20%
  4. Variación superior al 20%
  5.  No somos capaces de controlar la variación
Antes de comenzar a evaluar el impacto, hay otros dos temas importantes que debemos tener en cuenta:
  • Disponer de datos del periodo anterior. Podemos andar dándole vueltas a cómo establecer controles para gestionar la recogida de pilas de botón para, poco más tarde, descubrir que el año pasado sólo hemos comprado apenas un puñado. Nos puede y nos debe preocupar el consumo de gas pero quizás nos percatemos que sólo es responsable de la emisión de media tonelada de CO2 frente a las diez mil que producen el resto de las fuentes.
  • Considerar la existencia de los controles ya implantados. Los controles relajan el impacto y disminuyen la probabilidad de aparición de un problema. Es un tema que solemos olvidar y que nos puede ocasionar algo de trabajo extra. 
Tras esas consideraciones, podemos ya proceder a evaluar el nivel de riesgo de cada amenaza identificada, obteniendo como resultado una tabla similar a la siguiente (notad que he incluido una nueva columna para indicar los controles actuales; por favor, considerarla como lo que es, un ejemplo):


METAS Y OBJETIVOS

El siguiente paso es fijar los límites para los niveles de riesgo que debemos considerar (un mapa de riesgos). Normalmente se definen dos:
  • Nivel de Seguridad: por debajo de este nivel (verde), no tenemos por qué preocuparnos. La probabilidad de que se materialice una amenaza es baja y su impacto también.
  • Nivel de Tolerancia: por debajo de este nivel (amarillo) el riesgo asociado es tolerado por la organización. Admitimos que el medioambiente puede resultar amenazado pero consideramos que el impacto será moderado y la probabilidad de que ocurra no es muy alta. Por encima (rojo), el riesgo no es tolerable (no puede ser aceptado) lo que nos obliga a tomar acciones.
Si os fijáis, tras este análisis conocemos ya los Aspectos Medioambientales significativos para la organización, sabemos sobre cuáles tenemos que centrar nuestra atención y en qué medida deben preocuparnos.

Y podemos también establecer objetivos y planes de acción para cada uno de ellos. El objetivo deberá ser reducir el nivel de riesgo, es decir, disminuir el impacto de una amenaza o la probabilidad de que ésta se materialice. Los planes consistirán en la implantación de nuevos controles que permitan alcanzar los objetivos marcados. De estos objetivos y planes deberán también salir los objetivos medioambientales de la organización para el periodo en cuestión.

En la tabla se han añadido dos columnas para registrar este proceso:


Puede observarse que se ha fijado un objetivo para reducir el nivel de riesgo asociado con cada amenaza. Además se proponen los controles que podrán hacer que disminuya el impacto, la probabilidad o ambos factores simultáneamente.

El sistema permite además un seguimiento sencillo de la evolución del desempeño medioambiental y de la eficacia de los nuevos controles implementados: bastará con añadir otra columna para mostrar el nivel de riesgo actual y poder así compararlo con el objetivo planteado.

Otra buena idea es calcular el nivel de riesgo total del sistema y plantear un objetivo general encaminado a reducir dicho nivel de riesgo. Así podremos evaluar de forma conjunta el efecto de todas las acciones emprendidas.

EN DEFINITIVA

La metodología propuesta está alienada con los cambios previstos en la norma ISO 14001:2015. Permite identificar de forma rápida los aspectos medioambientales que requieren nuestra atención, fijar objetivos concretos y medibles, plantear acciones en base a estos objetivos y realizar un seguimiento de las acciones emprendidas. Es fácil integrar en este análisis las consideraciones legales y normativas (en el ejemplo, se habla simplemente de legislación pero podemos también hacer referencia a leyes o normativas concretas).

Finalmente, la metodología es también de utilidad para evaluar los riesgos laborales pudiendo facilitar la, cada vez más necesaria, integración de estas dos áreas de la organización (riesgos laborales, riesgos medioambientales)

martes, 4 de febrero de 2014

En mi proyecto sólo hemos detectado un par de riesgos

En la mayoría de los proyectos que inspeccionamos, nos encontramos unas mínimas listas de riesgos (entre dos y cinco, quizás diez). Quitando honrosas excepciones, el Jefe de Proyecto se limita a escoger algunos de entre los disponibles en alguna lista corporativa y a asignarles una probabilidad y un impacto casi al azar.

Agustín, nuestro auditor externo en las normas ISO 20000 e ISO 27001 y ya casi un amigo, me ilustró sobre el error que subyace bajo este planteamiento. Me comentó que cuando hablamos del riesgo alto o bajo en un proyecto, lo hacemos casi siempre de forma errónea.

El riesgo, o mejor el nivel de riesgo, es un simple número arbitrario. Es el producto de la probabilidad de que una amenaza aproveche una vulnerabilidad en nuestros activos por el impacto sobre dichos activos que puede suponer tal amenaza (en FMEA se introduce otro parámetro, la DETECTABILIDAD bastante interesante; hablaré de él un poco al final de este artículo)

La definición es una tanto rebuscada, lo sé. Pero esta frase esconde algunas joyas de conocimiento que intentaré sacar a la luz.

En la norma "ISO 31000 Gestión del Riesgo" aparece una definición mucho más sencilla, pero que va en la misma línea:

"El riesgo es el efecto de la incertidumbre sobre la consecución de los objetivos"